La tienda era el supermercado de ahora, el lugar en donde se encontraba de todo un poco. Lo mismo se vendía un carrete de hilo que un bacalao o un paquete de ideales (tabaco). En Tiriez había varias tiendas, con su mostrador de madera y su balanza como la que vemos en el Museo.

En las tiendas de antes se fiaba, es decir, se apuntaba en un cuaderno las ventas que se hacían a aquellas personas que no podían pagar al contado en espera de vender los corderos, la cosecha del azafrán, la almendra o los cereales. También se practicaba el trueque, es decir, la mujer llevaba al tendero los huevos de las gallinas que tenía en el corral y a cambio se llevaba el producto de la tienda que necesitaba.

Muchas veces, las mujeres compraban un vestido o unas zapatillas para determinadas fiestas sin que el marido lo supiese, por lo que se confabulaban con el tendero para ir pagando poco a poco, “a escondidas”.

 

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