Historia

LEZUZA, OPPIDIUM IBÉRICO, COLONIA ROMANA, VILLA RENACENTISTA…

Se detecta presencia humana desde el Paleolítico, es esta una zona con diferentes aflojamientos de cantos de sílice lo que hace que sea idónea para el asentamiento humano inicial ya que se obtiene fácilmente la materia prima para la obtención de útiles

En el Neolítico, como es pauta general, se produce una mayor densidad poblacional, lo que se traduce en un superior número de yacimientos. A esta época corresponde la tipología de yacimientos en morras, motillas y castillejos. Numerosas en la zona son las morras, que son poblados fortificados construidos en una elevación natural, con lo que se consigue el control visual de las zonas bajas.

Para una explicación espacial del poblamiento y su evolución durante la Edad del Bronce en la zona es necesario contar con una periodización y una sistematización precisa del tipo de yacimientos arqueológicos que todavía no se tiene).

 

No obstante se pueden entrever la existencia de ciertas características generales, en primer lugar, la gran eclosión de asentamientos en esta época respecto a la relativa escasez de la etapa Calcolítica, distinguiéndose morras, motillas, castillejos, poblados e instalaciones, localizando generalmente asociadas a valles fluviales y cañadas.

 

Es interesante destacar que de los 300 asentamientos de la Edad del Bronce conocidos en Albacete, 42 entran dentro del territorio de Libisosa, atomizado asentamiento que se concentra en torno al eje de Lezuza-Tiriez, Balazote y San Pedro.

Para una explicación espacial del poblamiento y su evolución durante la Edad del Bronce en la zona es necesario contar con una periodización y una sistematización precisa del tipo de yacimientos arqueológicos que todavía no se tiene). No obstante se pueden entrever la existencia de ciertas características generales, en primer lugar, la gran eclosión de asentamientos en esta época respecto a la relativa escasez de la etapa Calcolítica, distinguiéndose morras, motillas, castillejos, poblados e instalaciones, localizando generalmente asociadas a valles fluviales y cañadas. Es interesante destacar que de los 300 asentamientos de la Edad del Bronce conocidos en Albacete, 42 entran dentro del territorio de Libisosa, atomizado asentamiento que se concentra en torno al eje de Lezuza-Tiriez, Balazote y San Pedro.

Durante el Bronce tardío y el Bronce Final, y hasta inicios de la Edad del Hierro, se detecta una fuerte caída del número de lugares habitados.

En el periodo preibérico orientralizante, en torno al siglo VII a.C., se documenta un hallazgo esporádico en la localidad de Tiriez. Son los restos de una tumba de incineración con influencias de la Alta Andalucía.

Entre finales del siglo VI y el V a.C., se observa una fecha de iberización temprana, acompañada con la aparición de nuevos asentamientos. Es en las fechas del ibérico inicial cuando en el Cerro del Castillo de Lezuza se documenta el nacimiento de un gran oppidum, asentamiento que establecerá el control de las vías de comunicación del entorno, convirtiéndose en el eje vertebrador de la zona

No es abundante la documentación que tenemos sobre Lezuza durante la Edad Media. El emplazamiento no aparece mencionado en las fuentes hasta momentos posteriores a la toma de Alcaraz, el 23 de mayo de 1213. De hecho, la única fuente que nos habla de la existencia de un asentamiento musulmán nos viene de la mano del Bachiller Alonso de Requena, en el siglo XVII.

 

Este cronista afirma que tras la toma de Alcaraz las tropas de Alfonso VIII tomaron el castillo de Lezuza luchando frente a este. Incluso afirma que los cristianos al atacar destruyeron gran parte de la ciudad, quedando en pie la mezquita y el Castillo. Su alcalde, Abu-Khar, lo rindió a condición de que los cristianos respetasen la vida de los vencidos y les dejaran marchar a Alcaraz, y llevar consigo diversos objetos. La existencia de un asentamiento musulmán previo a la conquista del cerro está aún por verificar.

 

No se han localizado documentos del siglo XIII que mencionen a Lezuza como plaza dentro del territorio de Alcaraz, aunque debemos suponer que con el repliegue musulmán hacia Andalucía el Cerro del Castillo es susceptible de ser ocupado por su posición preeminente. Desde el momento de la toma de Alcaraz, hasta 1243, con la toma de Murcia, se abre un breve periodo de inestabilidad para la zona, con frecuentes razias y abundantes intentos de Alcaraz por repoblar ciertas zonas. Hemos de suponer que Lezuza se encuentra entre estas plazas aunque no conocemos documentos que nos hablen del interés de Alcaraz, en estos momentos, por repoblar y afianzar población en la zona. Desde 1243, la zona de Alcaraz y el Campo de Montiel estará en disputa entre la Orden de Santiago y Alcaraz, más concretamente las plazas claves para comunicar la zona de Chinchilla con la Sierra del Segura. La clave para comprender la desaparición de Lezuza de las fuentes de la época reside en este conflicto, puesto que las vías de comunicación a dominar ya no son las de época romana, sino que el modo de llegar desde Alcaraz a Chinchilla se hace a través de Balazote o bien a través de las Peñas de San Pedro.

De hecho, sabemos que en 1248, cuando Alcaraz ha conseguido repoblar Balazote, la Orden de Santiago intentará tomar este fuerte para así controlar el valle del Jardín y dejar aislados los territorios últimos que Alcaraz conservaba en el llamado Campo de Montiel. De este modo con Alfonso X y su política de fomentación de las cañadas reales e impulso de la ganadería, las vías de comunicación cobrarán aún más importancia si cabe. Por este motivo Alcaraz vuelve a tomar Peñas de San Pedro (en manos de la Orden de Santiago) y termina de asegurar Balazote, para de este modo afianzar las dos vías posibles hacia Chinchilla desde Alcaraz.

 

En cuanto a la política de fomento de la agricultura, Alcaraz tampoco muestra interés por recuperar la plaza de Lezuza, sino que apuesta por la dehesa de Munera. A pesar de la ausencia de Lezuza en las fuentes, si que sabemos con certeza de la existencia de población. El siguiente momento de inestabilidad para la zona es a mediados del siglo XIV, coincidiendo la crisis sucesoria del marquesado de Villena y, por otro lado, la conocida como Guerra de los dos Pedros, sin olvidar la incidencia de la Peste Negra. Es probable que en estos momentos de inestabilidad Lezuza cobre sentido como plaza fuerte para proteger una zona de paso, aunque alejada de las rutas usadas en la época. Tras solucionar los problemas de sucesión y el final de la Guerra de los dos Pedros, el marquesado de Villena decide crear la Hermandad del Marquesado para asegurar los caminos y los campos.

Rápidamente los concejos murcianos y Alcaraz (y todos los asentamientos dependientes de este) se adhieren. Pero estos movimientos de autoridad por parte de Alcaraz no son más que muestras de su debilidad real, puesto que en estos momentos empiezan a independizarse ciertas aldeas, entre ellas las Peñas de San Pedro, clave para el control de la ruta hacia Murcia-Chinchilla.

Es sin duda el siglo XV el que nos aporta más información sobre la localidad de Lezuza y su relación con Alcaraz. De hecho, la villa manda el 11 de agosto de 1411 una carta eximiendo de pechos y tributos a los vecinos de Lezuza que suban a vivir al Cerro del Castillo. Esta carta habla de la existencia de una torre y de una Iglesia, estructuras que ya en esta época están en desuso porque los habitantes anteriores del cerro lo abandonaron para instalarse en el llano, seguramente en la vega del río Lezuza. Durante el siglo XV se desarrollan los conflictos entre el marquesado de Villena y los Trastámara, pasando Alcaráz de laso del de Villana.

 

De hecho, Lezuza pasa junto a Villanueva de Fuente, Munera, Pinilla y Bogarra a manos de Don Juan Pacheco. Aunque tras la solución del conflicto y la toma por parte de los Reyes Católicos de Alcaraz, todas las posesiones del marquesado pasarán a manos de realistas y los territorios concedidos a Pacheco pasan de nuevo a la ciudad de Alcaraz. Tras este conflicto la reina manda la demolición de abundantes fortalezas para que no se repitan estos movimientos antirrelistas. De estas demoliciones se libra la torre de Lezuza, tal y como se puede observar en el Decreto de Medina del Campo del 4 de enero de 1481. Tal vez la no inclusión de la torre vigía en los planes de descastillamiento se deba a la poca relevancia que tenía esta o el estado de desmoronamiento en que se encontraba.

 

Ya con el reinado de los Reyes Católicos y durante todo el siglo XVI asistiremos al crecimiento de la localidad de Lezuza, afirmándose el asentamiento en el llano y el definitivo abandono del Cerro del Castillo como lugar de hábitat. Este fenómeno quedará totalmente confirmado con dos acontecimientos claros: la concesión de la categoría de villa a Lezuza y la construcción de la Iglesia de Santa María de la Asunción de Lezuza, alrededor de la cual se articula la actual localidad de Lezuza.

En la primera mitad del siglo XVII se vivió aquí la misma intensa crisis demográfica que afectó al resto de España. En estas circunstancias las ciudades juegan un importante papel en la vertebración y control de las poblaciones de su entorno, organizando sus redes de comunicación y consolidando el incipiente entramado jerarquizado de ciudades, villas, aldeas y casas de labor de su espacio geográfico. A finales de este siglo se observa una lenta recuperación económica y demográfica, que se consolida en el siglo XVIII, esta situación se hace patente con el establecimiento de la red caminera y nuevas iniciativas repobladoras.

La incorporación de la población, así como del resto de la comunidad, al proceso de industrialización en el siglo XIX fue muy lento y focalizado en determinados lugares, no fue este el caso de Lezuza. Así, ya a mediados del siglo XX, el proceso de industrialización nacional no fue capaz de contener el éxodo de la población rural. El número de habitantes empieza a descender bruscamente a partir de 1950, reduciendo el padrón a valores similares a los de sesenta años antes.